viernes, 17 de diciembre de 2010

Pragmática de la natividad:

oro, incienso y mirra, por este orden.

Sorprende la constatación que los evangelios se redactaran muchos años después de haber desaparecido el personaje protagonista de los hechos que se narran en los textos. Según los que lo han tratado, más de 30 años como mínimo, y son muchas las redacciones, aunque han quedado cuatro como las oficiales. En una de éstas, la denominada de Mateo se transmite que tras el nacimiento, aparecieron “unos magos de oriente” que ofrecieron al niño tres presentes. Estos llegan al niño por asociación con una observación astrológica (¿o astronómica?) [¿realmente el hecho es de naturaleza natural, respondía al ciclo de algún astro físico…, o por el contrario es el resultado de cábalas y elucubraciones exotéricas y míticas?]. Los presentes son elegidos, y como representantes evocan, simbolizan algo: he aquí mi pregunta, qué se quiere transmitir con este pasaje, ¡vete a saber que representaban estos objetos en aquel contexto!. Los que lo han “elaborado” ya que tanto el que escribe como el que interpreta, navegan en un lenguaje de supuestos, como es la simbología, dicen que hemos de entender:

El alto valor pecuniario de las ofrendas [en los tiempos de Jesús, oro e incienso tenían aproximadamente el mismo valor (unos 1200 dólares actualizados por kilo. Pero el kilo de mirra costaba casi siete veces más (Vaughan, 1998). La ofrenda de los magos representaba, pues, un altísimo valor económico].

Algunos Padres de la Iglesia y teólogos sostienen que el oro, metal precioso propio de reyes, simboliza el tributo a la realeza de Jesús, a su calidad de rey. El incienso, de importante papel en los rituales religiosos y en las ofrendas a las divinidades era un tributo a la divinidad del Niño, el reconocimiento de que Jesús era Dios. La mirra, usada en los ritos funerarios, era emblema de muerte y sufrimiento y, por lo tanto, prefiguraba la pasión y muerte de Cristo. Simbólicamente era un tributo a Jesús hombre, a su componente humano.

Curiosamente me llama la atención que es “mateo” quien usa este tipo de “información”, porque cuando redacte la muerte del protagonista, apuntará que “la tierra temblara y el velo del templo se rasgara”, supongo en alusión a esa costumbre “oriental” de mostrar-desnudar… (rasgar las vestiduras… ) en situaciones de gran dolor y desgracia.

Consulta hecha en http://www.innatia.com/s/c-perfumes-cristianismo/a-perfumes-presentes.html

Bien, el hecho es que ahora estamos celebrando “todos juntitos y bien avenidos” un hecho simbólico, surgido en la Edad Media (europea), de aquella costumbre de representar las escenas que se relatan en los evangelios, que de igual modo que se dió por las “escenografías” de la Pasión, se diera por los momentos del Nacimiento. Aunque también se nos monte el andamiaje de que fuera Francisco de Asís, allá por el siglo doce italiano… y que nos llegara a la península a través de la corte del Borbón Carlos III, de Nápoles. Lo cierto es, que lo que hoy tenemos es una farfolla consumista, a base de personajes “fantasmagóricos” de distintos “credos”: Claus, Noel, Nicolás, la Bruja Mefana, Reyes Magos… Éstos de por aquí, pero dentro de poco conoceremos otros de procedencias asiáticas, hindúes, rusas, brasileñas… en consonancias con sus economías emergentes, quienes lógicamente exportaran también sus “personajes” y montar lo que siempre se ha hecho “el belén”.

¡Señores ahora toca: ir de compras, montar el circo, reencontrarnos, divertirnos, y volver a las andadas, al camino, al día a día! Donde lo más importante pueda ser intentar ser felices, con uno mismo y con los demás, porque no puede ser de otro modo.

Lo siento, es mi reflexión, y es que todo se nos contagia, y puesto que no podemos “vivir en burbujas”, ya que nos “contaminamos”; condimentémonos “al gusto” de cada cual.


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