La ironía, el sarcasmo sin acritud, no deja de ser ese condimento "no oficial" pero gracioso a los otros tonos y sabores establecidos desde la standarización de las formas. Sorprende el juego escenificado, contrastando el brío de su voz cuando ruge frente al susurro cándido de los "sueños"; algo así como cuando Lorca decía en la "elegía por la muerte de I. Sánchez Megía", "que duro con las espuelas, que suave con las espigas". Y como otro poeta, C. de la Barca, igual dijera, "los sueños, sueños son".
Esta puesta en escena me ha maravillado, y de aquí que la comparta.
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